10 de junio de 2010

Manos de terciopelo en guantes de hierro

Manos de terciopelo en guantes de hierro

Bernard Morlino: “Retratos legendarios del fútbol”. Editorial Edimat, 2009

Era el único portero que veíamos cuando el juego estaba teniendo lugar en el otro extremo del campo. Era la cara sonriente del comunismo. Su notoriedad no mengua al comparársele con la de Soljetnistsyne, Shakarov o Rostropovich. ‘CCCP’ leíamos en las camisetas de sus compañeros. No en la suya. El coloso de la sonrisa permanente era el primero en entrar al terreno de juego, seguido por una serpiente humana. Siempre de negro, impresionaba tanto a sus adversarios que éstos se lo tenían que pensar dos veces antes de chutar. Su tamaño no le impedía ser bueno en su puesto. A menudo, salía más allá de su área y exhortaba a sus compañeros. Llevó a la Unión Soviética hasta la semifinal de la Copa del Mundo del 66. Eusebio, tras disparar el penalti y la victoria que les daría el tercer puesto (Portugal 2-URSS 1) no pudo menos que pedirle disculpas a su víctima. Yachine paraba disparos considerados imposibles de atrapar, en posturas nada estéticas ¡pero tan sumamente eficaces! Su mote, ‘la araña negra’, le iba como anillo al dedo, puesto que era capaz de poner rodillas y codos en ángulo recto. También le llamaban ‘el gato volador’, capaz de lanzarse contra un grupo de jugadores, extendiendo sus cuatro interminables miembros. Cuando se lanzaba, levantaba la cabeza, colocaba el torso encima del balón parado contra el suelo y las piernas en el aire. Los atacantes temían encontrarse en su trayectoria cuando despejaba la bola, que en sus manos adquiría las dimensiones de una pelota de balonmano. Tremendamente hábil con los pies, se transformaba en defensa sin servirse de las manos. Líder incuestionable de su equipo, valía como mínimo por dos. Aparte de él, ningún otro portero ha tenido el honor de recibir el Balón de Oro. Todos pedían con entusiasmo que participase en su alegría, y cuando aparecía, estaba más solicitado que el jugador agasajado. Con sus rodilleras y sus guantes, tenía el aire de un motorista sin moto. Pantalones muy cortos, sólo veíamos sus muslos y su cara. Podríamos haber ido a la guerra de su mano. Imposible cuestionar su titularidad: durante trece años, llevó la camiseta de su selección, y durante dos décadas la del Dínamo de Moscú.

Tras sufrir una trombosis, se le amputó la pierna derecha, seis años antes de morir. Los rusos le nombraron mejor deportista de todos los tiempos e incluso aquellos que nunca le vieron jugar le recuerdan.

3 de abril de 2010

Homenaje a Lev Yashin


"No estoy muy capacitado para realizar criticas ni mucho menos para hablar de semejante monstruo como fue Yashin, lo único que me queda para decir que agradezco su demostración defensiva en los tres palos, algo admirable. Espero que no sea olvidado con el paso del tiempo y que si llega a haber un arquero y persona ejemplar como este señor, espero amablemente que sea un argentino. Uno que sea condecorado patrioticamente y que represente a la Selección Argentina como deba ser. Sin más comentarios, gracias Lev por estar ahí cuando su país lo necesitó."

Extraído de yashin.zobyhost.com por Iván Stebler

23 de marzo de 2010

1966 - URSS

1966 год. Сборная СССР
1966 - USSR Team
1966 - Equipo de la URSS

1968 Tblisi

1968 год. Тбилиси. Традиционный турнир на приз «Подснежник».

El mejor de la historia

A Lev Yashin le decían la Araña Negra. Aunque comenzó jugando al hockey sobre hielo, pronto se convirtió en un futbolista de elite. El premio que la FIFA da en cada Mundial al mejor arquero lleva su nombre.


SIEMPRE PREMIADO. La Araña Negra fue el único arquero en ganar el Balón de Oro, en 1963. También recibió la Orden de Lenin, en 1968.

Casi ningún otro futbolista resultó tan paradigmático para su puesto como el arquero Lev Yashin. Le decían la Araña Negra por su vestimenta y porque parecía tejer una red delante del arco. Quienes lo vieron en sus mejores días cuentan que atajaba como ningún otro antes ni después. No hay casualidad en el siguiente detalle: el premio que entrega la FIFA al mejor arquero de cada Mundial lleva su nombre. No sólo eso: la Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Fútbol lo consideró como el arquero más destacado del siglo XX.

Nacido en Moscú en noviembre de 1929, fue un emblema del fútbol de su país durante más de dos décadas. Había empezado atajando en el hockey sobre hielo, tan frecuente en el entonces territorio soviético. Llegó por azar a ese deporte: en tiempos de la Segunda Guerra, recién ingresado en la adolescencia, se vio forzado a trabajar en una fábrica de herramientas militares y allí se armó un equipo. Aceptó el ofrecimiento para ir al arco. Como luego aceptaría pasar a un arco más grande: al de fútbol del Dinamo Moscú.

Debutó en 1949 y finalizó su carrera en 1971, a los 42 años. Siempre atajó en el mismo club. Los datos estadísticos vinculados con él parecen mitología: se retiró con la valla invicta en 207 partidos de los 326 en los que participó. La leyenda cuenta, además, que atajó más de 100 penales. Además, ganó cinco Ligas y tres Copas. También fue brillante en el seleccionado soviético: se colgó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, alzó la Eurocopa de 1960 y disputó tres Copas del Mundo (Suecia 1958, Chile 1962 e Inglaterra 1966, en el que la Unión Soviética fue cuarta, en su mejor participación histórica).

A nivel individual recibió todo tipo de premios: en 1963 se convirtió en el único arquero en obtener el tradicional Balón de Oro al mejor futbolista del año. Cinco años más tarde recibió la Orden de Lenin, una condecoración entregada por el Soviet Supremo a los que consideraba héroes de la Unión Soviética o del Trabajo Socialista. Recibieron ese reconocimiento, entre otros: el cosmonauta Yuri Gagarin, el escritor Máximo Gorki, el Mariscal Josip Broz Tito (líder en tiempos de la ex Yugoslavia) y el cubano Fidel Castro. Hace una década los periodistas rusos lo eligieron como el mejor deportista local del siglo pasado. Y en Moscú una estatua lo recuerda todos los días.

Con el precioso y preciso trazo de sus palabras, alguna vez el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió sobre él: "Lev Yashin tapaba el arco sin dejar ni un solo agujerito. Este gigante de largos brazos de araña, siempre vestido de negro, tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaban la espectacularidad de los gestos que sobran".

Cuentan que una vez le preguntaron cuál era la clave para ser el mejor arquero. Y este moscovita que sabía de sacrificios grandes respondió con una naturalidad de asombro: "Un cigarrillo para calmar los nervios y un trago para entonar los músculos".

Humillación

La humillación al mejor portero del mundo
Por J. CARLOS JURADO

El Mundial de Chile 1962 fue especialmente duro para Lev Yashin. Apodado ‘La araña negra’ debido a sus largos brazos ya que siempre utilizaba ese color en su uniforme, el portero de la Unión Soviética recibió multitud de críticas por su actuación durante el torneo.

El calvario de Yashin comenzó en el último partido de la primera fase ante Colombia. La URSS ganaba fácilmente por 4-1 en la segunda vuelta pero Colombia se creció, dio la vuelta al partido y logró un meritorio empate a cuatro. Aquel partido catapultó a la fama al colombiano Marcos Coll, autor del primer y único gol olímpico de la historia de los Mundiales. En el minuto 68 de partido y con 4-1 en el marcador, Coll inició la remontada colombiana con un gol nunca visto a ese momento. Sacó de esquina al primer palo, el defensa Voronin dejó pasar el balón pensando que Yashin atraparía el balón pero ‘La araña negra, que no se esperaba el fallo de su compañero, sólo pudo ver como el esférico se alojaba muy despacio en sus mallas.

Lo peor llegó en cuartos de final. La URSS quedó eliminada tras perder 2-1 ante Chile y Yashin quedó marcado como uno de los responsables del fracaso soviético. “¿Qué demonios estaba haciendo el camarada Yashin que se comió esos dos goles?”, llegó a decir la prensa soviética tras el partido. L’Equipe fue más allá y predijo que la carrera futbolista de Yashin había llegado a su fin a sus 32 años. El periódico francés se equivocó por completo.

Al año siguiente, en 1963, Yashin se convirtió en el único portero de la historia en conquistar el Balón de Oro, el trofeo que premia al mejor futbolista del mundo aunque en esa época sólo podían aspirar al galardón los europeos que jugaran en equipos de ese continente. Yashin volvió a jugar otro Mundial más, el de Inglaterra 1966, donde lideró a la URSS hasta la cuarta plaza y fue incluido de nuevo, como ya ocurriera en Suecia 1958, en el equipo ideal como el mejor portero del torneo.


Fotos


19 de marzo de 2010

14 de febrero de 2010

El arquero que revolucionó al Fútbol

Cuando se dice de una persona que, tras su paso, algo ya no volvió a ser igual, casi siempre lo hacemos por recurrir a una expresión fácil o por apego al tópico. Son poquísimos los hombres que ejercen alguna actividad de forma tan innovadora que llega a alterar el rumbo natural de ésta. Sin embargo, del ruso Lev Yashin, podemos afirmar sin miedo a exagerar que, después de él, la posición de arquero jamás fue la misma. Empezando por el hecho de que el soviético fulminó el concepto del número uno que pasaba los 90 minutos debajo del travesaño, esperando al bendito balón. Yashin fue pionero en plantar su bandera dentro de toda la extensión del área y tenerla como suya. Hasta entonces, ningún guardameta había mostrado nunca tanta agilidad, hasta el punto de que le servía no sólo para neutralizar tiros a puerta, sino también para interceptar centros o anticiparse a los atacantes. Pero, además, Yashin fue uno de los primeros grandes personajes que tuvo el fútbol. Tras su espectacular desempeño en el mundial de Suecia 58’, la “Araña Negra” convirtió en un reclamo para quien pudiese seguirlo de cerca y un auténtico mito en el resto del planeta, algo que contribuyó a realzar el sensacional apodo que ostentaba, referencia a los colores oscuros que siempre vestía y a la impresión de tener ocho brazos para atrapar la pelota.

Nacido en Moscú un 22 de octubre de 1929, Lev Ivanovich Yashin era un muchacho cuando estalló la II Guerra Mundial. Entonces, con 12 años, fue a trabajar a una industria militar. Fue ahí que, a pesar de lo duro del trabajo, tuvo la oportunidad de comenzar en el equipo de fútbol de la fábrica. Sus reflejos no tardaron en llamar la atención del Dínamo de Moscú (equipo del cual no se movería jamás), que lo invitó a incorporarse a su filial en 1949. Hasta el final de su carrera, en 1971, Yashin disputó con el Dínamo más de 300 partidos y conquistó cuatro ligas soviéticas y dos Copas de la URSS.
Sin embargo, hubo otra camiseta en la que Yashin defendió como a su vida misma. Lo hizo en 75 ocasiones entre 1954 y 1970. Con la camiseta de la selección soviética, la “Araña Negra” fue sinónimo de imbatibilidad. No es casualidad que durante su etapa en el combinado soviético éste conquistase sus mayores glorias: el Torneo Olímpico de Fútbol en Melbourne 1956, la Eurocopa celebrada en Francia en 1960 y, sobre todo, tres participaciones brillantes en la Copa Mundial de la FIFA: Suecia 1958, Chile 1962 –saldadas con sendos puestos en cuartos de final- e Inglaterra 1966, el mejor registro histórico de la URSS, una cuarta posición. Lev Yashin aún formaría parte del conjunto que acudió a México 1970, pero no llegó a saltar al campo. En total, jugó 13 encuentros en la cita mundialista, cuatro de ellos sin recibir goles, protagonizando actuaciones increíbles. A Lev Yashin le rodeaba un aura impenetrable de superhéroe que, además de sus proezas evitando goles, se fortalecía mediante su carisma. Cuando se le preguntaba, por ejemplo, cuál era el secreto para estar siempre tan preparado en los grandes partidos, respondía, sin saberse todavía hoy hasta qué punto bromeaba: “La clave es fumar un cigarrillo para calmar los nervios y después tomar un buen trago de alguna bebida fuerte para tonificar los músculos”. La receta debió haber funcionado a la perfección, ya que en un mundo donde se le da más valor a quien marca los goles, Yashin se llevó el Balón de Oro al mejor futbolista del continente europeo en 1963, siendo hasta hoy el único guardameta que lo ha logrado.

Cualquier descripción de Lev Yashin acaba resumiéndose así: no se ha visto otro portero como él. Cuando falleció, en 1990, había recibido todos los reconocimientos posibles: desde la Orden de Lenin en 1968 a un grandioso partido de despedida en 1971, ante 100.000 espectadores y con la presencia de Pelé, Eusébio y Beckenbauer. Con el paso del tiempo, su nombre representa cada vez más lo máximo a lo que puede aspirar alguien que actúe bajo los tres palos. Tanto es así, que el premio al mejor arquero en cada Copa Mundial, instaurado en 1994, se llama como él. Esa posición, de hecho, nunca volvió a ser la misma. Se convirtió en sinónimo de Lev Yashin. Un grande, una figura mundialista.

4 de febrero de 2010

Píntame la cancha

BAJO EL ARCO UNO CRECE. No en altura, sí en grandeza. La posibilidad de convertirse en un eunuco tras una pelota que avanza a una velocidad de 200 kilómetros por hora, le quita, de inmediato, la posibilidad de ser un cobarde. La humillación de una huachita, un sombrerito, un gol de media cancha o peor aún, de otro arquero, también lo convertirá en un eunuco de la peor calaña. Un eunuco moral. Por eso es un guiño el número que llevan en la espalda. Porque los últimos serán los primeros. Y porque quien ríe último, ríe mejor.

A DIFERENCIA DE UN GOLEADOR, la modestia lo define. El guardameta es héroe solitario del campo. Y como todo héroe que se digne serlo, no festeja. Lo festejan. Sabe que a veces, hasta los malos ganan. Y que, además, siempre serán cuatro extremidades contra veintidós piernas. Aunque unos hasta dan la cara por el equipo. Pájaro de insólitos vuelos, culebra de revolcones descarados. La frustración ajena será su motivación. Y a pesar de aquello, podremos odiar a un goleador, pero nunca a un golero.

DEPUÉS DE TODO, lo que más evitan no son los goles. Sino, por comprensible orgullo, esto.

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Por el periodista Eduardo Cornejo para el blog Paisaje de Guerra